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domingo, 20 de diciembre de 2009

El obispo de Almería ve «triste» que se intente «imponer un laicismo contrario» a la Constitución

Informa ReL.

Lo triste es que los católicos tengamos que invocar la atea, desacralizadora, laicista y abortista Constitución para combatir el "laicismo" o para intentar mantener las pocas manifestaciones religiosas que pueden quedar en lo público. Precisamente la Constitución, el instrumento más eficaz con que cuenta el laicismo para combatir la religión.
Nos guste o no, pienso que la colocación de los crucifijos en los colegios, los funerales católicos públicos, el juramento del cargo ante la Biblia y hasta la cabalgata de Reyes antes de que Gallardón la paganizase (la "paganata"), son manifestaciones de "ser" católico contrarias a la neutralidad del Estado consagrada en la constitución. Pensar que lo que es el título habilitante para el laicismo más o menos agresivo, puede ser freno para ese mismo laicismo carece de toda lógica. La Constitución vino a sustituir un régimen jurídico en el que este tipo de actos de gobierno no hubieran sido permitidos.

¿A nadie le extraña que detractores y defensores de los crucifijos en las escuelas invoquen el mismo principio de libertad religiosa para sus fines opuestos?. Que yo sepa, lo único que está penado en nuestro ordenamiento, en el Código Penal, son las afrentas gratuitas que muchas veces se hacen a los creyentes y a los sentimientos religiosos, pero en ningún caso puede interpretarse que el mantenimiento de la neutralidad del Estado y por tanto la remoción de aquellos privilegios de la Fe católica que provienen de épocas anteriores (no neutrales en materia religiosa) sea contrario a la libertad religiosa. Lo máximo que podemos esperar de los tribunales es que digan que el crucifijo no conculca la libertad religiosa de nadie (pero tampoco conculca ese derecho lo contrario dirían si se les preguntase).

Esto me recuerda una conferencia que escuché a Monseñor Rouco en la sede de la Conferencia Episcopal con motivo del 40 aniversario de la Dignitatis Humanae (Declaración Conciliar sobre Libertad Religiosa). El Arzobispo de Madrid trazó un paralelismo entre la aprobación de la Dignitatios Humanae por parte de la Iglesia y la Declaración de Derechos Humanos de unos años antes, dando a entender que ambos textos tenían un significado parecido y una misma motivación Algo así como la transposición al ordenamiento interno de la Iglesia de una directiva exterior. A partir de ahí cualquier posibilidad de posible interpretación de la Libertad Religiosa de acuerdo con la doctrina tradicional resultaba ya imposible.

Podemos pensar que la Constitución no dice nada de quitar los crucifijos e incluso podemos hacer filigranas y ver en ella una preferencia por la religión católica sobre cualquier otra, pero lo cierto es que si hasta el día antes de aprobarse España era una páis católico, donde la religión era timbre de honor de nuestra patria y a la que se reconocía su innegable e inseparable función forjadora, un instante después era un país donde la religión católica tenía el mismo reconocimiento que la cienciología

Si más de 30 años después de la aprobación del ordenamiento jurídico que nos hemos dado (aunque la mayoría de gente que dice esto no tenía edad para votar allá por el 78), nuestros Obispos siguen sin ver las causas de tanta secularización, nuestro futuro es desesperanzador. Dicho lo anterior con el máximo de los respetos hacia Monseñor Sanz Montes que al menos protesta, mientras otros callan. Pero es que lo de invocar la constitución por parte de Nuestros Obispos es tan grotesco como si los políticos invocan los Evangelios o la doctrina de la Iglesia para decirle a los obispos lo que tienen que hacer. Cuando Trono y Altar no trabajan coordinadas cada una en su ámbito, pasan cosas como estas.

Quién necesita Ciudadanía si dentro de poco habrá que objetar conciencia para que en Catequesis no enseñen a nuestros hijos "valores" constitucionales.