martes, 28 de octubre de 2008

Desbaratado un intento de asesinato de Obama

"Dos neonazis detenidos querían matar a 102 niños negros"

Esta obsesión criminal por los niños me ha recordado que Obama no solo es defensor del aborto libre sino también del infanticidio, que si bien merece la misma calificación moral que el aborto, tiene al agravante de que no es defendido ni por los Bardem. Obama votó en contra de la La Ley de Protección para el Bebé que nace vivo (Born Alive Infant Protection Act-BAIPA) que requería, en los casos de aborto en que el feto sobrevivía, que hubiera otro medico presente para encargarse del niño.

Así, Obama comparte con los supuestos neonazis obamacidas ese odio furibundo por los niños nacidos y por nacer. Lo que diferencia a Obama es que el no discrimina por el color de la piel. El es guay.

Más información: http://www.nrlc.org/ObamaBAIPA/Obamacoveruponbornalive.htm

3 comentarios:

Orisson dijo...

Sin intención de defender a Hussein Obama te diré que yo también hubiese votado en contra de esa ley que nombras. De hecho me parece una aberración espeluznante: así que te vamos a asesinar, niño no nato, y si al primer intento no mueres, entonces ya te curamos. Joder.

Me opongo a TODO tipo de aborto artificial, y ninguna componenda que justifique aun mínimamente el genocidio ginecológico puede ser legítima.

Que dejen de matar a niños. Sin ninguna condición.

Un saludo

nidixinipixi dijo...

No creo que Obama tuviera los escrúpulos que apuntas sino que sencillamente le parece que cualquier oportunidad que se dé al chaval, es simplemente restringir el derecho al aborto en el que él cree firmemente.

Respecto de la ley en si (y aun a riesgo de equivocarme por desconocer los detalles), me parece, que dejando clara la postura abolicionista que todo católico debe mantener ante cualquier legislación abortista (en cualquier supuesto), puede votarse -cuando no sea posible la abolición total- en favor de una ley o reforma más restrictiva o que introduzca mayores garantías de modo que se reduzcan los efectos perniciosos de la ley en cuya aprobación nunca se colaboró.

Al instante siguiente, deberá perseguirse la abolición pero eso no quita que no deba actuarse audazmente en la política sin que ello suponga colaboración alguna con el mal.

Desconozco los detalles pero creo que a este caso podría aplicarse lo dicho por Juan Pablo II en varias ocasiones:

Evangelium Vitae:

"En el caso pues de una ley intrínsecamente injusta, como es la que admite el aborto o la eutanasia, nunca es lícito someterse a ella, « ni participar en una campaña de opinión a favor de una ley semejante, ni darle el sufragio del propio voto ».98

Un problema concreto de conciencia podría darse en los casos en que un voto parlamentario resultase determinante para favorecer una ley más restrictiva, es decir, dirigida a restringir el número de abortos autorizados, como alternativa a otra ley más permisiva ya en vigor o en fase de votación. No son raros semejantes casos. En efecto, se constata el dato de que mientras en algunas partes del mundo continúan las campañas para la introducción de leyes a favor del aborto, apoyadas no pocas veces por poderosos organismos internacionales, en otras Naciones —particularmente aquéllas que han tenido ya la experiencia amarga de tales legislaciones permisivas— van apareciendo señales de revisión. En el caso expuesto, cuando no sea posible evitar o abrogar completamente una ley abortista, un parlamentario, cuya absoluta oposición personal al aborto sea clara y notoria a todos, puede lícitamente ofrecer su apoyo a propuestas encaminadas a limitar los daños de esa ley y disminuir así los efectos negativos en el ámbito de la cultura y de la moralidad pública. En efecto, obrando de este modo no se presta una colaboración ilícita a una ley injusta; antes bien se realiza un intento legítimo y obligado de limitar sus aspectos inicuos."

Por supuesto esta actitud no cabe ante el voto en elecciones, pues en este caso sí cabe exigir del programa electora, la total oposición con esta lacra.

Orisson dijo...

Recibido. Me la envaino.

Un saludo